La leyenda de Jorge Oñate en el vallenato.

Jorge Oñate fue la voz de  “Nido de amor”y “Oye tú”, canciones que son difíciles de imaginar cantadas por otro, aunque las hayan grabado después. El cantante fue la única figura vallenata que además de Escalona recibió un Grammy Latino a la Excelencia Musical (2010) un premio honorífico, fuera de concurso, por su trayectoria y fue aquel que además dejó un nutrido anecdotario jocoso, con cuentos que él mismo reconocía como ‘las oñatadas’. Este ícono vallenato murió en la madrugada del domingo 28 de febrero en Medellín.

Desde el 18 de enero pasado, el mundo vallenato y el de la cultura colombiana se inundaron de muestras de afecto ante esta gran figura de la voz vallenata. Hasta estrellas internacionales del género, como Silvestre Dangond, pusieron más que sus oraciones en el deseo común de su recuperación. 

Fueron semanas, en las que familiares, seguidores, amigos y el público que escuchó y se enamoró con sus canciones tomó consciencia -si es que hacía falta de las dimensiones de Oñate y su gran legado en el folclor vallenato.

Los comienzos:

Su camino artístico comenzó en 1968 (aunque cantaba y había grabado desde antes), el mismo año que el Festival Vallenato que le debía su gran y esperado homenaje. Nacido en La Paz (César), el 31 de marzo de 1949, Jorge Antonio Oñate González, conocido por muchos como El Jilguero de América o El ruiseñor del César, hizo una carrera de más de cinco décadas de música y en el camino, rompió algunos esquemas vallenatos que a la postre, le dieron modernidad y dinamismo al vallenato. Ahora, son parte de su gran legado..

A Oñate, que también incursionó en la política, se le atribuye el haber forjado la figura del cantante como estrella del folclor. Antes de él, las estrellas eran los acordeoneros que tocaban, componían y cantaban. Y en consecuencia, eran los intérpretes del acordeón los que ponían su nombre en letras grandes en los discos y los vocalistas, como él, aparecían como invitados, en letra más pequeña.

En el mismo Festival Vallenato, Oñate marcó un antes y un después. Antes de que Oñate se subiera a la tarima del Festival de 1972, acompañando con su voz a Miguel López -que por cierto fue rey vallenato ese año-, todos los acordeoneros cantaban, aunque no fuera su fuerte, en la competencia. A partir de ese momento pudieron llevar cantantes a la competencia.

Y de ahí en adelante, a lo largo de las cinco décadas siguientes, se rodearía de acordeoneros de reconocida trayectoria o de jóvenes talentos que a la postre terminarían consagrándose como reyes vallenatos: Nicolás ‘Colacho’ Mendoza, Juancho Rois, Raúl ‘El Chiche’ Martínez, Álvaro López, Julián Rojas, Christian Camilo Peña y Fernando Rangel. Los dos últimos se coronaron en el Festival mientras hacían parte de su conjunto musical. Por eso se creó el halo de “hacedor de reyes”.

Con cada uno de estos compañeros de melodías tuvo éxitos entrañables: con Colacho, Ausencia; con Chiche, Nido de amor, y con Juancho Rois, su versión de Alicia adorada, por ejemplo. A la par del éxito, se perfiló como uno de los grandes cantantes del vallenato, los cuatro grandes como él mismo los enumeraba: Diomedes Díaz, Rafael Orozco, su compadre Poncho Zuleta y él, Jorge Oñate.

Aunque hizo una grabación temprana, siendo aún adolescente, con Los Guatapurí, su comienzo oficial como artista profesional lo hizo justamente en el conjunto de Miguel López: Los Hermanos López. Grabó nueve álbumes con ellos, entre 1970 y 1975.

El carácter de Oñate, como lo recuerdan los acordeoneros que lo acompañaban, era competitivo. Siempre interpretaba lo mejor y era muy exigente con las canciones.

“¡Tantas cosas me decía!- recuerda el rey de reyes vallenato Álvaro López, al recordar los 12 años juntos-. Repetía: ‘Al enemigo hay que vencerlo en las tarimas, vamos  con todo, vamos a grabar porque hay que salir en diciembre’. Siempre salíamos en diciembre porque en ese mes salía Diomedes Díaz en Fiesta vallenata y salían El Binomio y Los Betos. Entonces repetía: ‘Tenemos que arroparlos a ellos, hacer buenas canciones para que perduremos y estemos en los primeros lugares”.

Y después de muchos homenajes, pasando por el trofeo honorífico del Grammy Latino, Oñate se había preparado para darlo todo en el Festival Vallenato del 2020. Había esperado mucho por ese tributo: cuando en el 2018, el Festival Vallenato anunció que el gran homenajeado sería Carlos Vives, el público saltó a gritar su nombre y el de figuras como Alfredo Gutiérrez. No porque Vives dejara de mercerlo, sino porque Oñate había sido primero. Al fin y al cabo, se trataba del Festival número 50, el que había nacido a la par con su carrera.

En ese momento, el Jilguero de América calmaba los ánimos así: “De pronto el público, como ya le hicieron el homenaje a mi compadre Poncho, esperaba que el siguiente homenaje fuera para mi, o para Alfredo o para Beto Zabaleta o para Iván Villazón. Pero el Festival es autónomo. Los miembros de la Fundación Festival Vallenato se reúnen y escogen al que creen más conveniente y hay que aceptar que el homenaje es para Vives”.

Quizás lo que dolía era que el Festival había anunciado que no haría más homenajes. Algo que cumplió solo en el 2019, cuando se sintió el vacío de tal manera, que decidieron dedicarle a Oñate su festival del 2020.

Y El Ruiseñor del César se preparó: había confirmado su presencia en todos los eventos posibles, había grabado incluso un álbum con los reyes vallenatos de su historia. Y había organizado una “convención de oñatistas” para la ocasión. Pero la pandemia del covid-19 lo truncó todo.

Con el aplazamiento del Festival 2020 -que a la postre se hizo a finales de septiembre-, el homenaje a Oñate quedó para otro año, cuando Valledupar pudiera festejar a Oñate como se lo merecía. Pero el 2021 comenzó con la incertidumbre de las nuevas cuarentenas, cancelaciones como la del Carnaval de Barranquilla y Oñate cayó enfermo y fue internado el 18 de enero en el Instituto Cardiovascular del César, por una afección respiratoria, que después de varias pruebas resultó ser covid-19.Oñate en sus propias palabras

Mucho antes, a finales del 2018, Oñate le dio una entrevista sobre sus cinco décadas de amor por el vallenato. La charla empezó por el recuerdo de la grabación de su versión de Alicia Adorada, que hizo al lado de Juancho Rois y que se convirtió en un clásico:

“El autor de ‘Alicia’ fue Juancho Polo ‘Valencia’ -decía Oñate con ánimo didáctico-. Él se la entrega a Alejo Durán y él la grabó y la hizo éxito. Fue una interpretación inmortal. De ahí me agarré yo, con Juancho Rois (fueron dúo musical entre 1981 y 1986). Es un lamento una canción linda, porque Juancho Polo salió a tocar y dejó a Alicia con fiebre y cuando regresó ella se había muerto. Alejo hizo una interpretación muy brava. Yo se la puse a Juancho Rois a que la escuchara y él aceptó hacerla. Para mí es de los discos líderes del vallenato. Es un son lamento algo que ya no se graba, ni el merengue, ni la puya, pero son ritmos importantísimos del vallenato.

’Alicia’ era una versión suya de un éxito previo, pero ¿usted estrenó ‘Nido de amor’?

Nido de amor la grabé con El Chiche Martínez, en el 78. Fue la canción que hizo que el vallenato entrara en el interior del país. Yo duré tocando esa canción en presentaciones más o menos unos siete años. Una vez, en carnavales, alternando varios días con El Gran Combo de Puerto Rico, ellos me preguntaron de quién era la canción. ¿Tú me la puedes regalar?, me preguntó Rafael Ithier. En el carnaval del año siguiente, El Gran Combo también llegó con Nido de amor. Ellos también la hicieron un éxito.

Y los acordeoneros con los que ha trabajado,  casi todos han sido reyes vallenatos…

Se dice que el que está conmigo es rey. No es por eso, sino que Dios da la Gracia. Al que está conmigo y va a concursar lo primero que yo hago es decirle: Hay que montar dos merengues, dos paseos y dos puyas y bajo mi experiencia, le digo, hay que hacer esto y tocar así. Creo que lo que hago es ponerle mi experiencia y si él va con el gusto musical, creo que tiene que triunfar, porque ir a improvisar a un Festival, no creo.

¿Cómo se invirtió el protagonismo entre acordeonero y cantante?

Antes, los acordeoneros eran la única figura: Juancho Polo, Alejo, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Julio de la Ossa, Calixto Ochoa. Componían, cantaban y tocaban el acordeón. En cualquier momento, a mí se me da por cantar. Llegué en unas vacaciones con unos amigos míos, cuando llegaba al pueblo empezaba a parrandear. Hice una parranda con Miguel López y la gente empezó a escucharme.

Miguel López no era el que iba a grabar conmigo primero, era Emilianito Zuleta, pero de pronto se arrepintió. Digo que mi compadre Poncho, tú sabes que es un hombre agradable, con sus habilidades de pronto evitó que Emiliano siguiera conmigo. Entonces, Miguel López un día fue enfermo a Bogotá y se lo presenté a Gabriel Muñoz, que era el director artístico de CBS y a Santander Díaz. Tocamos seis temas y ellos me llamaron aparte y me dijeron: ‘Firme’. Miguel nunca cantó, así que firmamos, pero cantante y acordeonero por aparte. Ahí se parte en dos esa historia.

Yo creo que sirvió, porque salieron Poncho y Emilianito, Rafafel Orozco e Israel Romero, Diomedes y Colacho, parejas vallenatas, porque antes el acordeonero hacía todo.

¿Cómo fue su etapa con Los Hermanos López?

Empecé con ellos. Grabamos Tiempos de la cometa, Amor sensible: “Tanto te quiero que pienso sin saber lo que he pensado (…) nos acariciamos y luego solo sé que yo te amo…” Con Miguel grabamos tantos éxitos. Fueron como seis años, hicimos 9 álbumes.

¿Cómo se dio la transición a su propio conjunto?

Me llamó CBS para que acompañara a Emilianito, en una separación suya de mi compadre Poncho. Y Poncho grababa con Colacho. Emiliano duró un año y medio sin trabajar y me llamó su esposa, que es mi prima: “Ombe, graba con Emiliano a ver si hace un disco”. Y grabamos Mujer conforme y La parranda y la mujer. Fue un éxito.
Pero, Poncho llamó en cualquier momento a Emiliano y volvieron.

Y por grabar con Emiliano, viene la separación con los López. Parece que no les gustó. Se encelaron, no entraron a diálogo ni nada. Emiliano y yo empezamos a tocar en un mes de julio, hicimos 32 bailes y como se fue con Poncho, me quedaron bailes firmados. Terminé tocándolos con Colacho (Mendoza). Pero no hubo nada de disgusto con los López, ellos eran gente sana, muy buena. Solo se resintieron y yo me dije: Tengo que seguir mi carrera.

Y ya han pasado varios años…

50 años…

Los está celebrando desde el 2017, con el homenaje de Riohacha…

Sí. El cariño de la gente me hace seguir. Creo que es lo más importante de mi vida musical. Que Dios me mantenga con salud y que Dios me dé la virtud y la gracia de poder seguir cantándoles.

“El cariño de la gente me hace seguir. Creo que es lo más imoportante de mi vida musical. Que Dios me mantenga con salud y que Dios me dé la virtud y la gracia de poder seguir cantándoles”.

¿Qué me dice de su etapa con ‘El Chiche’?

Con ‘El Chiche’ he grabado muchas canciones: Canasta de ensueños y (canta): “Amor de mi vida no te vayas pa’l colegio. Di que estás enferma y quédate un rato conmigo…”. Nido de amor fue la canción que llevó el vallenato al interior del país, lo introdujo. Con Chiche también grabé La vieja sara. Él era un pelao de 17 años y la gente me decía: ¿Por qué? Y les respondía: porque él tiene la interpretación vallenata tradicional, la del vallenato grueso.

En décadas posteriores también eligió acordeonistas jóvenes: Christian Camilo Peña, Fernando Rangel, Javier Matta…

¡Claro! Yo digo que ellos me han dado juventud y yo les he puesto mi experiencia. A Javier venía escuchándolo desde hacía rato. En el último festival (2018) yo venía escuchándolo mientras me iba arreglando para una presentación en el club Valledupar, porque Nancy me llama y me dice: “Va a tocar Javier”. Y yo lo oía y le dije a Mario Puerta, que es mi manager, a ver si le decimos que venga y lo traemos pa’l grupo. Y así fue. Nos pusimos de acuerdo y a los seis días ya estábamos montando de 35 a 40 de las mejores canciones que he grabado. El disco nos está dando la gracia (en el momento de esta entrevista, a finales del 2018, Oñate y Matta estaban sacando el primer sencillo del trabajo que estaban grabando). Vamos a llegar a carnavales con un mosaico de cuatro clásicas: La barra de mi gente.

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Además de su música, usted, su figura, su personalidad le han labrado un lugar en el anecdotario vallenato, esos cuentos que narran con cierta jocosidad, los “chistes” de Jorge Oñate…

Sí, hay muchos cuentos. Algunos son ciertos. Otros me los inventan por ser sincero y ser amigo. La gente, cuando estoy hablando en cualquier parte, está pendiente de grabarme, sobre todo ahora con esos teléfonos, y montan chistes y cosas. Por ahí, en Caracol me propusieron que grabara las “oñatadas”, pero esos cuentos lucen es cuando salen naturalmente, libres, por ahí. Hay cuento famoso: Dicen que fui a almorzar con Dalia Bernal, la directora de Olímpica, y con Penchy Castro, y cuando ella llama al mesero y le pide dizque ancas de rana, yo le digo a Penchy: ‘Compadre, ¿cómo que ancas de rana? Dígale a la comadre que pida el sapo entero’”.

¿Le gustan esos cuentos?

Sí, la gente goza con ellos.

¿Cuándo se dio cuenta de que le hacían esos cuentos?

Me vine a enterar hace pocos años. A veces son verdad, otras veces, le pasan a otros como a mi compadre Poncho y dicen que fui yo. Pero esos cuentos no se los inventan a cualquiera: que la gente diga: Oñate dijo esto y esto es importante porque el nombre figura.

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Volviendo a las grandes voces clásicas del vallenato. ¿Cómo era la relación entre ustedes? ¿Rivalizaban?

De Diomedes se decía que yo tenía un enfrentamiento con él y él conmigo. Pero éramos amigos, hermanos todos. Poncho es mi gran hermano. Diomedes era lo más grande de la grandeza. Perdimos una figura muy grande. Fui el intérprete de seis canciones suyas.

¿Y Rafael Orozco?

Rafael Orozco era un príncipe. Grande, amigo y hermano. En esos cuatro que hemos nombrado está el vallenato. Los cantantes más grandes de la historia: Poncho, Diomedes, Rafael Orozco y Jorge Oñate. Para que los superen, tiene que abrirse la tierra. Así te lo digo, nacen muchos, pero a los cinco años están desapareciendo. Lo bueno es quedar en la historia y en el vallenato es así -lo digo, ojalá si herir las susceptibilidades de otros-. Beto Zabaleta es muy bueno, viene de la escuela de Poncho. Iván Villazón es de la escuela mía y de Pocho. Silvio Britto es grande en su canto…

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¿Qué cosas debe recuperar el vallenato para seguir brillando?

A los nuevos los admiro, pero las canciones no tienen poesía. Las letras son como acomodadas. Son canciones que no tienen romanticismo, no tienen poesía. No van a quedar jamás en la historia. No quiero herir a nadie, repito, pero estoy diciendo una verdad. El vallenato tenía letras que tenían poesía y música y el acordeón lo que hace es la melodía. Entonces, quedaban en la mente y el corazón de la gente. Pero creo que el vallenato en cualquier momento vuelve a coger mercado. Ya está pasando. Nosotros lanzamos esto en plataformas, en redes sociales y es un éxito. Tenía que ser así, porque Dios no puede permitir que el vallenato vaya a desaparecer.

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