Juan Polo Valencia: El juglar de Alicia Dorada.

Muchos músicos, artistas o compositores inician su carrera interpretando un instrumento, recitando trobas o rimas, componiendo melodías o simplemente creando letras inspiradas en historias que enamoran su intelecto y cautivan sus compases, sin embargo, esta no es la historia de Juan Polo Valencia, un campesino que en lugar de tener un acordeón tenía un azadón, pero, que se convirtió en uno de los juglares más talentosos del vallenato colombiano.

Juan Polo Valencia Cervantes, nació el 18 de septiembre de 1918 en el corregimiento de Concordia, Cerro de San Antonio (Magdalena), hijo de Juan Polo Meriño y María del Rosario Cervantes Verdugo, quienes fueron los responsables de la crianza de Juan y su hermana María.

Desde muy niño, Valencia (quien adopto este apellido debido a la gran admiración que sentía por el poeta Guillermo Valencia), enamorado por los aires vallenatos aprendió a tocar el acordeón de la mano del maestro Pacho Rada, quien, junto a sus compañeros y posteriormente grandes músicos, Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez y Abel Antonio Villa realizaban cantos de juglaría por el departamento del Magdalena Grande.

Amante de la parranda y las fiestas Juan gano reconocimiento en dicha región, gracias a su manera de interpretar el acordeón, y por ende, generó admiración en muchos de sus colegas que lo recuerdan como un campesino trashumante, dedicado a cantar y a parrandear, siempre calzado de abarcas y luciendo su sombrero vueltiao.

Se casó con Alicia María Hernández Páez, en la parroquia del Cerro de San Antonio, la cual fue su inspiración para la triste canción “Alicia Adorada”, un lamento y reclamo a Dios por la muerte de su esposa.

Su obra siempre causó y causa opiniones encontradas despertando un abanico de sensaciones debido a la historia de sus letras, unas más melancólicas que otras, unas con un toque filosófico y otras que simplemente relatan su diario vivir, una de los relatos más conocidos fue el de la ya mencionada canción “Alicia Adorada”, la historia menos condescendiente asegura que el mismo Valencia debía llevar hasta su casa los medicamentos que le hubieran salvado la vida a Alicia, su esposa, pero que se había quedado en una parranda en otro pueblo.

Dicha canción se convirtió en un éxito en la voz de Alejo Duran, con la que ganó el titulo de primer rey vallenato del Festival de la Leyenda de este género, quien reconocía que, cada vez que  escuchaba este tema se le aguaban los ojos, posterior a ello, Juan Polo gano mayor reconocimiento y éxito, pero, el licor fue su infierno personal, hasta llevarlo a la tumba el 22 de julio de 1978 en su natal Magdalena, viejos amigos organizaron su funeral y dispusieron los arreglos fúnebres del célebre compositor. Sus restos reposan en el panteón de Santa Rosa de Lima, corregimiento de Fundación.

De su autoría también quedaron para la posteridad “Lucero espiritual”, “Marleny”, “La muerte es la que puede”, “Jesús Cristo caminando con San Juan”, “La pesadilla”, “La democracia”, “El paseo de Concordia”, “Josefina” y “Casa grande”.

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