Abel Antonio Villa: El negrito Errante.

Gran parte de la historia y prosas vallenatas se crearon gracias a los largos recorridos en mula que realizaban los cantores y acordeoneros de pueblo en pueblo, cantando las historias y las principales noticias que enriquecían la cultura de la sabana vallenata, por ende, estos relatos eran propiedad de uno, pero a su vez de ninguno y así poco a poco se fue constituyendo una tradición oral a la cual hoy llamamos Vallenato y a sus narradores juglares.

Uno de ellos es el compositor, acordeonero y cantante Abel Antonio Villa Villa que nació un 1 de octubre de 1924 en Magdalena, en el hogar de Antonio Villa Salas y María del Tránsito Villa Barrios, un joven que mostró gran interés por el acordeón e inquietud por los relatos de los acordeoneros que rodeaban su hogar relatando las historias del pueblo.

A sus escasos nueve años aprendió a interpretar el acordeón con la ayuda del popular maestro Pacho Rada, que posteriormente no aceptaba la fama de el y trataba de menospreciarlo, según cuenta el mismo Villa: – Él me hizo un canto que decía:

“viste de paño y corbata, pero es a costillas mías”.

Porqué él aseguraba que toda la música que tocaba no era mía. A lo que le respondí:

“mejor que esté metido en la montaña y no salga a pasá pena a las ciudades”.

A sus catorce años ya estaba decidido a tomar el vallenato como profesión y junto a su hermano Fabián y los músicos Julio Bovea Fandiño y Virgilio Riascos conformaron su primer grupo musical que ayudó a Villa a crear su propia identidad artística, una de las anécdotas de esa época que más recuerda este músico con cariño, fue que el primer acordeón que tuvo lo compró al maestro Francisco Rada Batista, músico de profesión y legendario de esa región, el cual fue de una sola hilera, pero, que acompaño a Abel Antonio en el inicio de su carrera artística.

Así nació su vocación natural por el vallenato y en compañía de su grupo caminaban cientos de kilómetros diariamente reproduciendo con música los relatos de pueblos vecinos y las historias que enmarcaron la identidad de los municipios magdalenenses ganando popularidad en la región, lo que le abrió las puertas a grabar y contar esas historias que eran de todos, pero que las hizo suya hasta el final de sus días.

En 1943 grabó por primera vez en acetato y en 1944 en pasta sintética con el Sello Odeón, del cual se destacan temas como: “La muerte de Abel Antonio”, que nació debido un suceso que ocurrido en Pivijay, luego de prestar el servicio militar obligatorio, en el que por la muerte de un hombre con su mismo nombre fue declarado muerto y velado de cuerpo ausente, cuando corría la quinta noche de su novenario aparece Villa quien estaba de parranda con algunos amigos.

Fue nombrado Rey Vitalicio del Festival de la Leyenda Vallenata, condecorado por el Congreso de la República en 1997 y recibió en 1999 la corona vitalicia del Festival Vallenato. Entre su repertorio se destacan temas como “El higuerón”, “Amalia Vergara”, “El pleito”, “Yo tengo mi Candelaria”, “Ana María”, “Los amores de Zoila”, “La camaleona”, entre muchos otros y grabó 22 discos y realizó 500 composiciones.

El 10 de junio de 2006 falleció en Barranquilla, a causa de una insuficiencia renal.

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